Es bueno sentirse querida, amada, sentida. Es bueno saber que puedo hacer enloquecer. Es bueno entender las cosas que de una piensan. Soy como las ganas de follar, nunca pasan de moda. Si quieres ven, si yo quiero vendrás, así de sencillo. Soy simplemente lo que ni siquiera te atreves a soñar.
No me busques más, no insistas, ya no estoy. Me fui en el preciso instante que descubrí que yo vivía entre tus dudas y tus pasiones. Debiste venir a mí desnudo, sin cargas y no con la mochila llena de prejuicios y justificaciones. Sólo te pedi sexo, y tú me regalaste amor a bajo precio. Ahora no pidas explicaciones, soy predicible, no soy lo esperado, critícame, me da igual, yo no tengo la culpa de que desde hoy vivas siempre soñándome.
No suelo pensar en pasado, me dejo vencer por el silencio de lo vivido. Ya no estás. No te echo de menos. No fuiste el mejor, pero me diste algunos momentos de fresca pasión. Ahora te vas lejos y yo ni siquiera te digo adiós, a mí aún me queda mucho sexo que soñar al borde de una cama.
Hoy me siento caliente. Tengo uno de esos días en los que no paro de tocarme. Puedo estar así horas y horas tirada en el sofá buscando con la imaginación cualquier pretexto para aliviarme. Este texto tambiés es un pretexto. Ojalá vengas tú.
!Qué dulce! Resultaste mejor de lo esperado. Me gustó como te excitabas con mis gritos, como te tocabas cuando yo me masturbaba para ti. !Qué dulce! Si vuelvo a tu ciudad te llamaré, creo que aún nos queda una cena por terminar, creo que aún me podría tocar mucho más. De hecho lo haré. !Qué dulce!
Me desnudo delante del espejo y me devuelve la imagen que tú deseas. Me toco y me siento más mujer sabiendo que te puedo tener siempre que quiera. Me muestro tal y como soy, desnuda, altiva, ardiente, sin tapujos, ansiando que tu lengua avance desde mi suavidad hasta mi éxtasis. Dejo a un lado las obligaciones, hoy me dedico a pensarte, tocándome.
Ya no hace falta que me quieras, soy libre, no necesito a nadie que me diga lo que ya sé de mí, tampoco necesito a nadie que me niegue lo que yo misma me niego. Sólo necesito que el siguiente que pase por mis brazos sea un cuerpo a quien le queden muy bien las copas y se le pueda amar con aburrida desfachatez.
Si te dejas caer algún día por mi cama, perdóname si te doy la espalda, es que ahora prefiero dormir sin nadie en mi colchón. El desayuno me lo preparo yo.
Sólo soy una mujer, una experiencia de una noche, un rugido del alma, un cuerpo al que amar, una mirada asesina de deseo, un recogimiento de la pasión más descontrolada, un polvo salvaje con el que nunca habías soñado, un aturdimiento de la consciencia, un punto de incio y un punto final. Ven a mi. NO te arrepentirás.